—Pues no es feo.

—Es que como es judío...

Palmyra no contestó, pero pasó por su imaginación una gran aprensión, y eso que en su pueblo no estaba vinculada la doctrina antisemita... Reponiéndose y queriéndole evitar toda suspicacia, dijo:

—¿Y eso, qué?... Aquí no se guarda ningún rencor a los judíos...

Samuel apretó su mano con silenciosa gratitud y se fué hacia la puerta. Palmyra salió con él.

En el recibimiento él hizo ademán de ir a coger su sombrero, pero Palmyra, que esperaba ese gesto para cazarlo, echó mano a su mano y la retuvo...

—No... Ese sombrero me pertenece... Es la prenda espontánea de su afecto... Sólo lo arrancará de su sitio el día que me olvide, el día que tome el barco que dejó escapar hoy...

—Pues entonces quedará ahí para siempre.

Samuel salió para traer sus equipajes en seguida.

XV
EN ALTA MAR DEL AMOR