Con su imaginación hiperestesiada de avezada a la soledad, oía ya la voz del jardinero al contestar a la pregunta de: «¿Ha visto usted al señorito?» «Sí, le he visto cruzar la Quinta corriendo a todo correr», y como en medio de esa pesadilla en que se despierta la voz, dijo Palmyra a Samuel en voz alta:

—Si sientes deseos de andar por el jardín, date un paseo mientras yo me acabo de arreglar...

—Yo no... No me muevo de la terraza... Nunca me he sentido tan arraigado como hoy... Me parece como si la terraza estuviese cimentada sobre una pirámide incrustada del revés en la tierra.

—Y yo me siento también sobre el nivel de los otros días...—dijo Palmyra dándole el beso de detrás de la oreja, el beso que se queda pinzado como esos cigarros o esos claveles o esas cerezas que se ponen así los chulines.

La Quinta miraba a Samuel con la resignación del Museo que acepta al turista que se queda, al nuevo copista que se prepara a hacer la misma copia que tantos otros con igual pasión.

Desde que las Alhambras perdieron su primer recato, aceptan a todo enamorado como visitante, y hasta le recogen el bastón y le dan un número.

XVI
OTRA RETIRADA

Samuel tenía voracidad de amor, pero se le veía aprovecharse de él, no para gozar el placer que se infunde en el mundo después de brotar del hombre, sino para almacenarle, para guardarle, con un último gesto sórdido en que se concentraba mucho y escondía el placer que conseguía.

Palmyra, que nunca había comenzado a perder los amores, se fué disuadiendo del amor de aquel hombre, cuyo único defecto no es que fuese de raza distinta, sino que se lo creyese, que en él estuviese la desconfianza y la prevención en vez de en los demás. El era el que no había olvidado.

Samuel también tenía el defecto de que hablaba constantemente de sus hermanos de Salónica, de Hamburgo, de Tánger, de Polonia, y eso le hacía un poco antipático, como si llamase a intervenir en sus amores con Palmyra a aquellos numerosísimos hermanos y hermanas, suegras y suegros terribles y rencorosos, con convenciones especiales a las que tendría que obedecer.