«Espero las flechas de los malos días y del viento fuerte.»
«Si quieren mis moradores ya no tendrá que verles nadie jamás.»
«Puedo ocultar el pasaje completo de una vida feliz.»
Y se reían a veces con risa frenética los cristales de los balcones.
Vivía la Quinta en independencia del paisaje.
A veces había llovido por dentro, en el interior del palacio y el campo sólo había puesto en aquella lluvia el gesto que toma cuando ha dejado de llover y el sol tiene los rayos mojados, babosos como cuernos de caracol.
¿Por qué había llovido dentro? Las arañas de cristal, las cornucopias, la cristalería que, al pasar los carros por el camino, lloraba como un niño, todo eso junto había creado la lluvia cristalina de allí dentro.
* * *
No tenía actualidad la tierra muchos días, el cielo era el que ofrecía su valle como un sitio de merienda ideal o como unas dunas donde cazar patos a la manera con que se cazan en las dunas terrenas.