Pero aun quedaba algo mas que sufrir á aquellos desventurados.

Llamaron á la puerta: levantóse Jayme á abrir y se halló frente á frente con las atléticas figuras de un sub-cabo y dos mozos de escuadra[2] que traian la órden de prenderle.

[2] Institucion creada en Cataluña para la persecucion de malhechores dentro y fuera de la poblacion, que tanto hacen el servicio de la guardia civil, como el de los agentes de policía de las demas provincias de España.

La anciana lanzó un grito de espanto al despertarse: Quima se levantó sobresaltada y aunque lloró y suplicó, y Jayme se deshizo en protestas de inocencia, nada consiguieron; porque aquellos hombres debian cumplir con su deber y no les tocaba á ellos hacer cargos ni admitir disculpas, sino llenar su cometido dentro de los límites que les habian marcado.

Así, pues, Jayme, convencido por las poderosas razones de estos, razones que no admitian réplica, se vió obligado á abandonar su casa y su familia, y salió acompañado de los mozos y el sub-cabo; sin atreverse á volver la cara por que le espantaba el cuadro de miseria que dejaba tras de sí, en las personas mas queridas para él en el mundo. De esta manera fué conducido hasta la cárcel, donde aquellos le entregaron al alcaide.

La puerta de la habitacion quedó abierta de par en par al salir el obrero y los mozos: una ráfaga de aire apagó la ya moribunda lámpara ó mariposa, y el silencio y la oscuridad de la muerte reinaron en aquella estancia; porque Quima cayó al suelo presa de mortal congoja, al ver marchar á su esposo hácia la cárcel.

Precisamente ocurria esto en momentos tan críticos para ellos y sin que la pobre pudiera hacer nada para variar el curso de las cosas.

Oh!...... la fatalidad con su fatídica mano pesaba sobre aquellos desvalidos ó la Providencia les sujetaba á duras y amargas pruebas que tal vez no tendrian fuerzas suficientes para soportar con resignación.

Rendida Quima por las fatigas y las privaciones de tantos dias, permaneció muchas horas aletargada, aturdida y como juguete de una horrible pesadilla; pero al penetrar por la puerta con las primeras luces del alba la fresca brisa matutina, despejáronse poco á poco sus sentidos; empezó á tener conciencia de sí misma, reconoció el cuarto con azorados ojos; recordó la escena de la noche anterior, y como movida por una poderosa fuerza magnética, se incorporó de un salto y su primer ímpetu fué salir á la calle á averiguar el paradero y la suerte de su marido.

Ya estaba en la puerta, cuando una idea repentina cruzó por su mente y volvió á entrar pálida y temblorosa.