Se habia acordado de la pobre anciana y del sobresalto que le causara la brusca aparicion de aquellos hombres. Su pertinaz silencio la espantaba porque todos los dias á aquellas horas ya se la oia quejarse. Presa de un fatal presentimiento, se acercó á su lecho, la llamó repetidas veces y viendo que no contestaba la cogió una mano.......

Un escalofrio y estremecimiento general recorrió todo su cuerpo al contacto de aquella mano rígida y helada con el frio de la muerte: un grito de espanto se escapó de su boca y asustada, despavorida, se lanzó á la azotea, bajó de cuatro en cuatro los escalones y como perseguida por un fantasma aterrador, salió á la calle y huyó sin direccion fija y sin parar, hasta encontrarse en el paseo de S. Juan.

Serenóse algun tanto allí su atribulado espíritu y la razon, recobrando su imperio, vino en su ayuda: reflexionó, y al hacerlo, comprendió sus deberes en aquella apurada situacion; así, pues, volvió sobre sus pasos, entró de nuevo en su casa; llamó á la puerta de dos vecinas, que enteradas por ella del suceso, se apresuraron á auxiliarla, yendo á dar parte al médico, al celador del barrio y á la parroquia y ayudándola por fin en los tristes preparativos que suceden siempre á la muerte........ porque la anciana madre de Jayme habia muerto efectivamente á consecuencia del sobresalto que le causó la violenta escena de aquella noche fatal.

Jayme entre tanto, se hallaba encerrado é incomunicado en oscuro calabozo, presa su alma de mortales angustias y devorando en sus ardientes lágrimas que vertia una á una como otras tantas gotas de fuego, toda la indignacion, toda la rabia que habia encendido en su pecho el injusto atropello cometido en su persona y en su casa.

Un negro presentimiento le anunciaba, que algo mas terrible que su prision, tendria que lamentar, como fatal consecuencia de aquellos sucesos: crispábanse sus dedos; levantábase su pecho á impulsos de la ruda tempestad que en él empezaba á agitarse y de sus trémulos labios, contraidos por el dolor y el despecho, se escapaban inarticuladas frases, cuyo terrible significado era fácil comprender.

En sus momentos de tregua, recorria el infeliz toda su vida pasada y no hallaba en ella nada de que tuviera que reprocharse. Su amor al trabajo, á la familia y á las tradiciones de su pais; su vida pacífica, sus escasas reuniones y amistades; todo, todo lo examinaba..... Una idea acudió á su mente, pero la rechazó en seguida, porque ¿qué delito habia en ello?....

Jayme recordó que entre los tranquilos goces que se proporcionaba en las horas destinadas al descanso en su modesto hogar, se contaba la lectura de libros y periódicos. Estos libros y estos periódicos, escritos por hombres que se decian colocados á la vanguardia del progreso y de la civilizacion, abogaban por las clases proletarias; y aunque en su sano criterio siempre consideraba irrealizables aquellas bellísimas teorías y sueños aquellas imágenes poéticas con que engalanaban sus discursos aquellos canoros ruiseñores; con todo, halagaban su imaginacion y recreaban su fantasía. ¿Qué le importaba al mundo que hubiera uno mas que soñara? ¿qué mal hacia en ello á la sociedad, si al salir cada dia á la calle con la aurora, sus sueños de color de rosa se habian borrado de su mente y en el resto del dia no pensaba mas que en su trabajo?

En estas alternativas pasó hasta las doce del dia, hora en que fueron á sacarle para tomarle la primera declaracion, sobre un delito que el infeliz no conocia.

Su arresto de aquella noche, así como el de otros muchos, fué motivado por las falsas noticias que circularon de que los obreros sin trabajo iban á alterar el órden, y el pobre Jayme fué comprendido en este número, no solo por que se hallaba en esta situacion, sino porque se sabia de público que era suscritor constante á periódicos y obras de política avanzada, en la cual se le consideraba afiliado.

Fácil le fué probar su inocencia y al dia siguiente expidieron su órden de libertad y abandonó las puertas de la cárcel, cuyos umbrales era la primera vez que habia pisado; pero cuando Jayme llegó á las inmediaciones de su casa, lo primero que hirió su vista fué...... ¡Un entierro! Nadie le dijo nada: el atahud iba cerrado, pero su corazon de hijo, adivinó que el cuerpo de su madre iba encerrado en aquella caja, que acompañaban algunos de sus amigos y vecinos!....