Todo esto, reunido á su vida arreglada y económica, aumentó de tal modo sus ahorros, que al cumplir veinte y cinco años, se encontraba en posesion de un capital de tres mil pesos y pensó en reunir este y su conuco, por medio del matrimonio, al de una negrita criolla llamada Felicia, que tenia el suyo contiguo y con quien estaba en amores hacia dos años. Es verdad, que el conuco de su futura era reducido y solo tenia tres onzas por todo capital; pero era bonita, tenia quince años y estaba enamorado de ella; y sobre todo, consideraba que no era preciso que la mujer aportara al matrimonio tanto como el marido. Así pues, maduró su proyecto de acuerdo con ella; pidieron el competente permiso á sus amos y aquel mismo año, cuando á la conclusion de la zafra llegó el cura de N... al ingenio para verificar los casamientos y los bautizos de los nacidos y los bozales, Nicolás y Felicia se unieron en indisoluble lazo, obteniendo de sus amos, con este motivo, un buen regalo.

Nicolás y Felicia tenian ya con qué comprar su libertad, pero ¿qué conseguían con rescatarla? ¿A dónde irian que tuvieran tan asegurada su subsistencia y la de sus hijos, si los tenian? Si Dios les enviaba una enfermedad, ¿quién les cuidaria con el esmero y atencion con que asisten á los enfermos en la casa-enfermeria, donde nada se escasea? Si les faltaba el trabajo, ¿de qué vivirian? Por otra parte: ¿cómo abandonar á sus amos que hacian con ellos las veces de padres y por los cuales sentian el mas tierno y respetuoso cariño?

Todas estas y otras reflexiones análogas se hacian los esposos, preñados los ojos de lágrimas, cada vez que sus amitos les indicaban que estaban en posicion de libertarse, protestando una y mil veces, que aun cuando les concedieran esta graciosamente no la admitirian, pues preferian vivir esclavos en el ingenio á encontrarse libres fuera de él.

Hoy tiene él treinta y nueve años y ella veinte y nueve. Han tenido varios hijos, de los cuales, uno trabaja al lado de su padre, dos en la cuadrilla de criollos y los restantes juegan todo el dia en el patio de la casa de criollos con los demas pequeñuelos de su edad. Su conuco y su capital han aumentado considerablemente, pues tiene mas terreno y mas brazos que le ayuden á fomentarlo, y por último, Nicolás y Felicia no cambian su posicion y su dicha por la de ningun potentado de la tierra.

Cuando se le pregunta á él si volveria gustoso al Africa con su mujer y sus hijos, contesta sonriendo y enseñando su blanca dentadura, que el negro que ha vivido algun tiempo como persona, no puede volver á vivir como fiera.

Este no es un caso aislado: hay muchos otros en condiciones análogas á la del tipo que hemos presentado en Nicolás y Felicia. Hemos hablado con ellos, tomado nuestros informes y adquirido el conocimiento exacto de la verdad.

IX.
CUADRO SEGUNDO.
LA VIUDA DE UN ESCLAVO.

En el ingenio A... del Sr. S. A... vivia hacia ya muchos años, un matrimonio de esclavos pertenecientes á la dotacion de aquella finca.

Ambos eran procedentes del Africa desde la menor edad, naturales de Carabalí, desde donde ya se conocian y llegados á esta Isla en la misma expedicion. El cargamento de que se componia esta, se habia dividido en lotes, y la casualidad hizo que ambos fueran comprendidos en uno mismo, de suerte que fueron á poder del mismo amo y á habitar bajo el mismo techo en la finca que ya hemos mencionado. Tambien fueron bautizados en el mismo dia, recibiendo ella el nombre de Filomena y él el de Cayetano.

Este último, que en los primeros años de su estancia en el ingenio, habia probado varias veces á recobrar su perdida libertad, procuraba siempre arrastrar en sus locas tentativas á la negrita Filomena, hácia la que sentia una vehemente inclinacion; pero esta, aunque mas jóven que él, se resistia siempre á acompañarle y aun intentaba disuadirle de sus ideas, que le habian acarreado los castigos y trabas consiguientes á su temeridad y el inherente calificativo de cimarron. Apenas se escapaba, al momento era hecho prisionero, porque como no conocia el terreno, se extraviaba en el monte y por donde quiera que huia.