Supersticioso y fanático, mas de una vez hubiera atentado contra su existencia, á no detenerle la idea de que Filomena no querria tampoco acompañarle en esta expedicion y de que quedando sola podria casarse con otro.
La luz de la razon fué iluminándole poco á poco y el ejemplo de la vida apacible y resignada de sus demas compañeros de dotacion, empezó á despertar en su alma el deseo de gozar tambien de aquella felicidad de que él carecia tan solo por su culpa.
Dedicóse, pues, á trabajar su conuco, casi abandonado hasta entonces; dió á sus amos seguridades y garantias de mejorar su conducta y como sus obras correspondieron á sus promesas, aquellos suavizaron el rigorismo con que era tratado, hasta el punto de olvidarse por completo que Cayetano habia sido cimarron.
Esta nueva era de su vida de esclavo, empezó favorablemente para él: recojió muy buenas cosechas y crió muchos animales que le valieron algunos pesos y este resultado, despertando su ambicion, le hizo comprender que para llegar á hacer fortuna necesitaba hacer algo mas que trabajar la tierra de su conuco y criar sus animales: aguzó el ingenio; formó sus planes, que consultaba siempre con Filomena, muy dispuesta entonces á escucharle y por último, pidió á sus amos permiso para casarse con ella y obtenido, lo realizó, como de costumbre, á la conclusion de zafra de aquel año.
Una vez casado y reunido su conuco y sus ahorros á los de Filomena, empezó á comprar y vender cochinos, á relacionarse con compradores y vendedores y de aquí á tratar con ellos de las compras y ventas de otros, arreglando sus diferencias y transacciones: en una palabra, se hizo corredor de cerdos y llegó á cobrar tal fama en aquellos contornos, que ninguno hacia una operacion de compra ó venta, sin valerse de él como intermediario, por supuesto, mediante la retribucion de su correduria por una y otra parte.
Aprendió mal que bien á leer, escribir y contar, para lo cual robaba al sueño una hora cada noche y cuando se halló en posesion de estos conocimientos y con su capital medianamente aumentado, se dió á prestar dinero á interés, mediante pagarés á plazo mas ó menos largo y con la garantia de cosechas ó animales, llegando de este modo á hacerse el hombre indispensable entre los suyos que contínuamente le buscaban ya como corredor ó ya como prestamista.
El éxito mas satisfactorio fué coronando los esfuerzos de esta especie de pequeño Rothschild africano; y no era ya por cierto Cayetano el cimarron huido constantemente y castigado con el cepo y el grillete; tan bravo, tan supersticioso, tan incorregible y siempre pugnando por recobrar una libertad que ahora despreciaba y que aunque podia recuperar ni siquiera soñaba en ella, ni la hubiera admitido aunque se la ofrecieran.
Tuvo en su matrimonio numerosos hijos, á quienes veia con placer crecer á su lado y por último, á los cincuenta y nueve años de edad murió de una congestion cerebral; querido de su familia, de sus amos, de sus compañeros y de cuantos en vida le trataron, y dejando en la finca un buen ejemplo de laboriosidad y de honradez.
Filomena lloró inconsolable la pérdida de su querido y dulce compañero; se hizo cargo de los papeles y metálico que dejó aquel al morir, y pasados los primeros dias de luto, solicitó permiso para bajar á la Habana y ver á su amo á quien, como heredero natural de su marido, queria entregar aquella herencia que á ella no le pertenecia.
El amo recibió de sus manos aquellos valores, para no barrenar el derecho ó costumbre que por tradicion se reconoce al amo para heredar á sus esclavos, pero despues de poner en claro aquellos documentos que eran pagarés, cuentas de corretajes, &a, saldar algunas y contar el dinero, en presencia de la viuda, le volvió á hacer entrega de todo, diciéndole que se lo regalaba para ella y sus hijos, como una prueba de afecto hácia su difunto marido.