A esos escritores apasionados que hablan de la esclavitud en esta Antilla, muchos de ellos sin conocerla ni menos al esclavo; que se dicen con mucho énfasis, dispuesto á sacrificar su vida, por conquistar la independencia de sus hermanos que califican de desgraciados párias de la humanidad—por su puesto, que estas declamaciones son de boca, por que si se llegara á la realidad de los hechos, ya vendria, como suele decirse, el tio Paco con la rebaja,—á esos escritores repetimos, que se cifran para sus mas famosos argumentos, en recordar el pasado de América y colocarlo en el presente, conmoviendo á sus lectores y arrancando de sus pechos un grito de indignacion contra esa esclavitud, padron de ignomínia de nuestro siglo de civilizacion de libertad, y de luces; convendria preguntarles: ¿habeis estudiado las condiciones actuales de la esclavitud? Si muchos de vosotros no las conoceis, si nó podeis señalar los lunares y defectos de que adolece; ¿como os atreveis á tomar plaza en el palenque de la discusion que sobre ella se suscite? ¿Basais los fundamentos de vuestros discursos, como decíamos antes, en rancios hechos de la historia, ó forjais á prióri estos hechos?.... Ya comprendereis que cuando son falsos los cimientos, el edificio no puede sostenerse.

Pero si quereis hacer desgraciados á los pobres negros—son vuestras palabras—, que hoy gim en bajo el férreo y opresor yugo de la esclavitud, dadles de pronto la libertad. Con ello lograreis hacer de hombres laboriosos, honrados trabajadores, y útiles á su nueva pátria; cien veces mas felices en su esclavitud, que lo eran en el Africa en pleno goce de su libertad; unos seres desgraciados, miserables y corrompidos, cuya mayor parte acabarán sus dias en los hospitales, las cárceles ó los presidios.

Ya lo dijimos en nuestra advertencia; somos eclécticos; en esta como en toda cuestion de reformas en nuestro pais, queremos y pedimos no retrogradar ni estacionarnos; si nó marchar, pero suavemente por las vias del progreso; ascender por grados en el camino de las reformas útiles y convenientes: esto es lo lógico y lo racional; la misma naturaleza nos lo enseña así constantemente: todas las transiciones fuertes, violentas, perjudican mas que favorecen. Si quereis matar á un hombre que haya estado ocho dias á dieta á causa de una enfermedad, dadle de pronto una opípara comida. ¿Podeis obligar á un árbol á que dé su fruto antes de tiempo sin perjudicar las condiciones de su vida orgánica?

Desengañaos, hombres de brillantes teorías; la galanura de vuestras frases, la belleza de vuestras fantásticas creaciones, se estrellarán siempre en el terreno de la práctica y de los hechos. Las lecciones de la experiencia, aprendidas en las inmutables leyes de la naturaleza, nos enseñan el camino y la marcha reposada y tranquila que hemos de llevar.

No precipitemos los acontecimientos con inmoderada imprevision; cada cosa vendrá á su tiempo.

XII.
PARALELO.—CONCLUSION.

Llegados al término de nuestra obrita, vamos á establecer un breve paralelo entre el Proletario y el Esclavo, cumpliendo el propósito que nos impusimos al empezarla.

Los cuadros que de la una y la otra parte del Océano hemos presentado, para dar á conocer la verdadera situacion de cada una de las dos clases que nos ocupan, copiados d' aprés nature y tomados al acaso de entre los infinitos que conocemos, se adelantan ya por sí solos á economizarnos aquel trabajo comparativo, resultando entre ellos las enormes diferencias que hemos visto.

El jornalero, el trabajador en España, merced á un trabajo tan duro como el esclavo en América, relativamente á su organizacion y al clima en que lo ejecuta, se alimenta y alimenta mal á su familia y apenas si puede atender á sus vestidos y á sus enfermedades, interin cuenta con aquel; pero desde el momento en que le falta, (lo cual es harto frecuente), le vemos sumido con su familia en la indijencia, en la desesperacion y en la muerte. ¡Los ahorros, las economias, un porvenir de fortuna y bienestar!...... Son estos, quiméricos ensueños, que ni aun por casualidad, cruzan jamás por su mente.

El esclavo en América, con iguales condiciones que el proletario en España, si es laborioso, honrado y económico, llega á su vejez poseedor de una mediana fortuna, en aptitud de gozarla tranquilamente y de recobrar ó nó su libertad; con su familia educada y al abrigo de toda clase de contratiempos y enfermedades y todo esto, sin sacrificio alguno por su parte, sin haber experimentado un solo dia, ni él ni su familia, las amarguras y tormentos del hambre; y sobre todo, que si no ha hecho fortuna, cuando está agobiado por los años, ocupa en las fincas una plaza de guardiero donde jamás le falta el alimento necesario, ó la casa enfermeria si sus achaques le impiden estar de pié.