Al presentar el primero de nuestros cuadros en Madrid, conste que solo lo hacemos por el conocimiento que hemos adquirido de la vida íntima y social de las clases trabajadoras, en los muchos años que vivimos en aquella localidad.
Pero procedamos á la descripcion de nuestro cuadro.
Nos hallamos á mediados del mes de Diciembre.
Una menuda y constante lluvia cae sobre los infelices obligados á transitar á pié por las calles de la capital de la monarquía.
Hace un frio muy intenso, como que es el helado soplo del Guadarrama, y aunque no son mas que las cuatro de la tarde, es ya casi de noche.
En lo último de la calle de Embajadores, hay una casa de pobre apariencia: una de esas que se llaman corralones ó casas de vivienda.
Penetremos hasta el patio: en él corre á la izquierda una tapia elevada y negruzca, que lo divide del de la casa contigua: á la derecha, se ven en forma de miserables celdas, seis puertas pintorreadas unas, carcomidas y remendadas otras y por encima del marco de cada una de ellas, sobre la amarillenta pared, un número hecho con carbon.
Cada una de estas mal llamadas habitaciones está ocupada por alguna pobre familia, que paga por ella seis reales á la semana, de modo que solo para la casa han de deducir cada dia un real de su jornal ó salario.
Acerquémonos al último de estos cuartos ó celdas: tiene el número seis: penetremos.... ¿Qué es eso?......... ¿retrocedeis?...... ¿tan triste ó repugnante es el cuadro que se os presenta á la vista?..... ¿tan fétido es el aire que en aquella húmeda habitacion se respira?.... Veamos que es lo que causa ese malestar que veo retratado en vuestro semblante.... ¡Ah!... sí... ya comprendo: el cuadro de la miseria y del hambre en toda su horripilante desnudez, es lo que ha herido vuestra vista y afectado vuestra esquisita sensibilidad: el aspecto de esa pocilga húmeda y sombría, como las mazmorras de los grandes criminales; falta de luz y de aire; sin mas muebles que una mala silla de madera y dos sucios gergones que apenas contienen paja, y sobre ellos, acurrucada una mujer pálida y demacrada, medio cubierta de harapos, tiritando de frio y procurando á la vez comunicar á sus dos hijos, pedazos de sus entrañas, el calor que la infeliz no tiene!...... ¡Oh, sí, comprendo vuestra penosa situacion!........ Es un espectáculo que desgarra el alma del ser mas estóico!.... pero, contengamos nuestras lágrimas y observemos: los niños tendrán de siete á ocho años, pero ¡están tan macilentos, tan flacos, tan consumidos por el hambre y la miseria, que solo aparentan tener de cuatro á cinco años! ¡Infelices!.... ¡cuán triste es la primavera de su existencia!...... ¡Desgraciadas criaturas!....
Para ellos no hay flores en el jardin de la vida, ni purísimas auras embalsamadas con su perfume; ni arroyos, ni praderas; ni fuentes ni cascadas; ni blanco cesped ni pintadas mariposas; ni el sol tiene para ellos esos rayos explendentes y vivificadores, que iluminan la frente de otros niños!.........