—Sin duda un error...

—El error es imposible cuando hay pruebas...

—Tal vez alguna calumnia...

—No.

—Y en último caso, creo que tengo el derecho de defenderme, y la defensa es imposible cuando ignoro de qué se me acusa.

—Yo tambien tengo el derecho de disponer de mi corazon.

—Ciertamente; pero cuando se han adquirido compromisos...

—Basta, caballero.

—Si no me das las explicaciones que necesito, acudiré á tu padre.

—Y mi buen padre le echará á usted en cara la fealdad de su proceder, y le preguntará si es un error ó una calumnia la desinteresada proteccion que usted dispensa á cierta familia que hoy ocupa su casa de recreo de las cercanías de Hortaleza.