Llegó un dia en que se cansaban tambien de estar sentados, y paseaban cuando la luna esparcia sus nacarados resplandores.

Paso tras paso se llega sin sentir á la cumbre de la montaña que nos parece inaccesible, ó al fondo del abismo que habíamos mirado con horror.

Ninguna mujer se pierde en un solo dia, porque su perdicion es una obra lenta, de cuyos adelantos ella misma no se apercibe.

Si desde el primer momento se le dijese adónde paso á paso habia de llegar, retrocederia espantada; pero no se le exige más que un paso, uno solo, y cuando ha dada el primero se le ruega que dé el segundo, y así concluye insensiblemente por llegar adonde le parecia un imposible.

Cuando comprende su verdadera situacion se horroriza y quiere retroceder; pero ya es tarde.

La que no evita el primer paso, da el último.

¿Se comprende ahora la triste situacion de Paquita?

No habia llegado al último punto de su perdicion, pero llegaria.

En la casa de recreo debia dejarse todas sus ilusiones, todas sus esperanzas, y algo más, que más que las esperanzas valia.