Si estas cualidades hubieran podido ser apreciadas por la viuda, la sirviente habria tenido que buscar nuevo acomodo; pero esta era muy hábil para fingir, y aquella no pudo comprender la verdad.
Juana, que así se llamaba la sirviente, tenia un novio, del que nos ocuparemos oportunamente, y aspiraba á casarse, aunque para conseguirlo así no llevaba el mejor camino.
Cuando el ama y la criada estaban solas, no se oia en la casa más ruido que el de la voz fresca y aguda de la sirviente, que cantaba con envidiable alegría y como quien es completamente feliz.
No falta decir sino que la casa en que habitaba la viuda estaba en la calle del Ave-María.
Recordaremos que habian dado las nueve y que el calor era sofocante.
CAPÍTULO II
Los amigos de doña Robustiana.
Encontrábase la señora del Peral en un gabinete y sentada junto al balcon, agitando su abanico, sudando y contemplando el puro horizonte cuajado de estrellas.