—¿Y Adela?—preguntó la esposa de Bonacha.

—No tardará quince dias en casarse, pues ya están arreglando los papeles.

—¡Tan pronto!...

—Eduardo queria esperar para que sus intereses estuviesen en órden, porque ya saben ustedes que es el hombre más delicado del mundo; pero como ellas no miran el interés, porque el dinero les sobra, han querido que la boda se haga inmediatamente para emprender un largo viaje antes del otoño.

—Tampoco Adela puede quejarse de la fortuna.

—Eduardo la adora; pero no es tan rico como el señor de Saavedra, ni representa en la sociedad tan brillante papel.

—¿Y qué más puede pedir la hija de un cerrajero?—replicó Paquita.

—Si es honrada, puede pedir mucho.

La jóven palideció, y su madre se apresuró á decir:

—Mi hija tambien es honrada.