—Nadie lo ha puesto en duda.

—Y es señora desde que nació, y su padre es un caballero, y por consiguiente pertenece á otra clase. Buen papel haria la hija del cerrajero entre duques y marqueses, como estará mi hija cuando se case.

—Yo deseo la dicha para las dos, y estoy satisfecha, porque me parece que las dos han conseguido lo que deseaban.

Si la esposa de don Pascual hablaba de viajes de Alfredo, era porque este habia dicho que tenia necesidad absoluta de salir de Madrid.

Esto no era un verdadero motivo de alarma, y sin embargo, Paquita empezó á perder la tranquilidad.

Doña Robustiana, con la mejor intencion, le dijo á la jóven:

—Pues los aires del campo no te han sentado muy bien, porque estás más pálida y ojerosa, y me parece que has perdido algo de tu alegría.

Paquita hizo un gran esfuerzo para sonreir.

—Me siento muy bien,—dijo.

¿Y qué pensaba de todo esto don Pascual?