Si á don Pascual le hubiese tocado el premio grande de la lotería, antes de cobrar hubiera enseñado el billete á todo el mundo para que nadie dudase de que era verdad, y para que de todos fuese conocida la procedencia de aquel dinero.

Lo mismo le sucedia en cuanto á los adelantos tan rápidos y repentinos hechos en su carrera.

¿Por qué le protegia tan decididamente un hombre á quien apenas conocia?

Esta pregunta debió hacérsela el mundo, y para explicarse el efecto intentaria buscar la causa.

Para que esta fuese adivinada no era menester más que una mediana sagacidad.

Cuando Paquita estrenaba un vestido, don Pascual sufria, y tenia buen cuidado de hacer público que su hija trabajaba y ganaba cosiendo, y que el producto de su trabajo lo invertia en comprarse ropa.

Así no daba lugar á que nadie preguntase de dónde salia el dinero que valian todos aquellos moños, volantes, pendientes y otros adornos por el estilo, pues era fácil que algun malicioso creyese que don Pascual explotaba á los que iban á rogarle que despachara pronto un expediente.

El honrado Bonacha era, pues, una víctima de los extravíos de su hija, así como esta debia ser al mismo tiempo víctima de Saavedra y de sus propias debilidades.

De todos los personajes que hemos presentado, ninguno es digno de respetuosa consideracion y lástima sino don Pascual, y aun á este debemos acusarlo, porque no tuvo valor para hacer cumplir sus deberes á su esposa y á su hija.