Muchos padres hemos conocido así, y sobre haber sufrido ellos mucho, han hecho muy desgraciados á sus hijos.

«Quien bien te quiera te hará llorar,» dice el adagio.

Bonacha no habia tenido valor para hacer llorar á su hija.

Muchas veces se hace un beneficio haciendo sufrir, y esto es lo que tal vez no habia comprendido don Pascual.

El hombre que no se considera con fuerzas para sobrellevar en todos sentidos la enorme carga de la familia, no debe creársela.

Juanito no se descuidó, y apenas supo que habian regresado la esposa y la hija de don Pascual, dispúsose á proseguir su obra, yendo á casa de doña Robustiana precisamente media hora despues que habian salido la madre y la hija.

A Juanito le faltaba el valor para arrostrar frente á frente la tormenta, y buscó un camino indirecto.


CAPÍTULO IX
Las primeras lágrimas.