—Hemos terminado.

—Pues bien; queda en manos de usted mi porvenir, mi felicidad, mi vida.

—¿Ama usted de veras á Paca?

—Con frenesí.

—Pues será usted su marido.

En el colmo del entusiasmo besó con ternura filial Juanito las redondas manos de la viuda, y esta juró una y otra vez que cumpliria lo que habia prometido.

El cumplimiento de esta promesa debia ser una nueva desgracia para Juanito.

Separáronse, y al dia siguiente la viuda fué á visitar á la familia Bonacha.

La recibieron muy bien; pero con esa benevolencia que el superior dispensa al inferior.

Disimuló doña Robustiana y dijo para sí: