La esposa de don Pascual volvió á tomar parte en la conversacion, y dijo:
—Lo que tiene Juanito es rábia porque mi hija no lo ha querido, y para vengarse se ocupa en llevar y traer chismes y cuentos.
—Si es verdad que Saavedra y la hija del conde se aman, lo que á consecuencia de esto pueda suceder no es culpa de Juanito.
Despidióse y salió doña Robustiana, dejando en aquella casa el gérmen de profundos trastornos.
Cuando la madre y la hija quedaron solas, entregáronse á todos los trasportes de la desesperacion.
La madre amenazaba terriblemente.
La hija juraba que no cederia con facilidad, que disputaria palmo á palmo el terreno, y que antes consentiria morir que declararse vencida.
No habian trascurrido dos horas, cuando Alfredo se presentó.
Lo mismo que le habia sucedido algunos dias antes en casa del conde, le sucedió al entrar en la vivienda de Bonacha, es decir, que al primer golpe de vista comprendió que algo muy grave sucedia.