La segunda tampoco tenia que deplorar el exceso de robustez; pero gracias á los algodones, crinolinas, aceros y ballenas, presentaba formas medianamente regulares de mujer.
Lo mismo que sus formas, era mentira su color, pues á la naturaleza le habia parecido bien hacerla morena, y ella se habia convertido en blanca.
Si la jóven no era lo que parecia, parecia algo bastante agradable, pues en realidad no carecia de belleza, y sobre todo de gracia, y tenia suficientes atractivos para hacer que en ella se fijasen las miradas de los hombres.
Sonreia constantemente, no sabemos si para hacerse agradable ó para lucir la blanca dentadura que le habia dado la naturaleza.
No era menester más que mirarla para comprender que era de carácter vivo y alegre.
Donde ella se encontrase, segun doña Robustiana y sus amigos decian, no era posible la tristeza.
Con tales condiciones, debia suponerse que encontraria pronto un marido, con tanta más razon, cuanto que la viuda se habia declarado sobre este punto su protectora.
Tenia además muchas habilidades, pues cantaba, aunque sin saber música, graciosas canciones del género andaluz, y con pretensiones de actriz recitaba los mejores trozos de las comedias sentimentales.
Además, ella tenia la pretension de vestir con mucho gusto, con mucha elegancia, y creia firmemente que por todas partes iba encendiendo corazones.
Sus padres habian tenido la desgraciada ocurrencia de bautizarla con el nombre de Francisca; pero todos la llamaban Paquita, y sólo así pudo ella resignarse con nombre tan vulgar.