—¿Pues qué más deseas?
—Lo que exige mi honor, que he sacrificado por tí.
—Paca, te aconsejo que dejes ese tono trágico, porque...
—Me engañas, Alfredo,—interrumpió la jóven sin poder contenerse.
—¡Que te engaño!...
—Amas á otra.
—No es verdad.
—Tengo pruebas.
—Todo lo adivino... ¡Oh!... ese mozalbete estúpido se ha empeñado en que yo me rebaje hasta el punto de darle una leccion durísima. No te pido explicaciones, porque no las necesito.
—No he visto á Gonzalez hace ya mucho tiempo.