—¿Sabes lo que pienso?

—Lo sabré si me lo dices.

—Si Manolo no fuese un estúpido, me agradeceria lo que hago en su favor, puesto que de aquí á un año será rico.

—Para que veas lo que son las cosas. Yo hago un sacrificio para favorecer al pobre Manolo, y si él supiera la verdad, se pondria hecho una fúria.

—Ya te he dicho que es un estúpido.

Así continuaron hablando hasta despues de las nueve.

No habian fijado la atencion en la comedia que se representaba, ni siquiera se habian apercibido de que de vez en cuando resonaban aplausos estrepitosos, con los que el público demostraba su agrado por lo admirablemente bien que los actores trabajaban.

—Ya es muy tarde,—dijo la sirviente.

—Pues no te detengas, que pronto nos veremos otra vez.

—¿Irás esta noche?