—Pero en alguna parte te habrás detenido.

—Detenerme... ¡Pues tiene la señora buen genio para hacerla esperar!

—Juana,—replicó Manolo con tono que algo tenia de amenazador,—tú has creido que puedes burlarte de mí; pero te equivocas.

—¿Y por qué dices eso?

—Demasiado bien lo sabes.

—Mira, si tienes mal humor, puedes romperte la cabeza contra una esquina, pues no es justo que yo lo pague.

—¡Juana!...

—No puedo detenerme.

—Ahora tienes prisa, y cuando estabas en el café...

—¿Y qué?—interrumpió la sirviente, convenciéndose de que ya era inútil negar.—Tú ves visiones.