Y dió un paso para alejarse.
Manolo la detuvo, diciendo:
—Espera.
—Déjame.
—¿Por qué lloras?
—Por nada, puesto que no tengo motivos para llorar... Déjame, y busca otra que te quiera más que yo, otra que sea más honrada...
—No he puesto en duda tu cariño ni tu honradez...
—¡Despues de tanto tiempo y tantos sacrificios!...
—Que la gente nos mira.
—Pues déjame.