Esperó otros cuatro dias, y como la situacion era la misma, decidió escribir á su amante.

Hé aquí la carta de Paquita:

«Mi querido Alfredo: Cuento los dias, cuento los minutos.

»¿Por qué no me escribes?

»¿Te ha sobrevenido alguna desgracia?

»¿Te has olvidado de mí?

»No quiero creerlo, porque mi situacion es demasiado horrible.

»Mis presentimientos se han realizado, y bien pronto me será imposible ocultar mi deshonra.

»Respetables intereses deben haberte obligado á salir de Madrid, y esos mismos intereses te detendrán; pero hay algo que vale mucho más que todos esos intereses, más aún que toda tu fortuna, y ese algo es mi honor.