»Preciso es que de todo te desentiendas, de todo te olvides, para acudir á salvar mi honor, que debe ser el tuyo; para poner á cubierto nuestras debilidades y la suerte de una criatura inocente, y que algun dia puede pedirnos cuenta de nuestra conducta.

»No te hablo de mi amor, porque has visto ya que no he reparado en sacrificios, y que para satisfacer hasta tus más leves deseos, he olvidado todos mis deberes y mi propia conveniencia.

»Ha llegado tu vez, y ahora espero de tí las pruebas; ahora estás tú obligado á consumar todos los sacrificios sin vacilaciones.

»No te exijo que olvides el honor ni quiero que eches sobre tu conciencia la carga enorme de graves faltas; sino que, por el contrario, lo que quiero es que cumplas tus promesas, lo cual es honrarse, y que evites que tu conciencia te acuse algun dia.

»El dolor me trastorna.

»Desde que nos separamos, el sueño huye de mis ojos.

»Lloro noche y dia.

»¡Cuánto sufro, Alfredo, cuánto sufro!

»Si no cumples tu deber, ¿qué será de mí?