»Y cuando mi honrado padre conozca la deshonra de su hija, ¿qué le sucederá?

»No podrá el infeliz soportar golpe tan terrible.

»Con todo se ha resignado; lo mismo con la pobreza que con los infinitos sinsabores de la vida. Estaba tranquila su conciencia y esperaba en la eternidad los goces que en este mundo le negaba la fortuna; pero con lo que no se hubiera resignado, con lo que no se resignará, es con la deshonra.

»Somos pobres; pero, no lo dudes, tenemos el sentimiento del honor como los ricos, y quizá más aún, porque es lo único que tenemos.

»Si nos arrebatan el honor, ¿qué nos queda?

»Tú me has arrojado al fondo de un abismo, y tú eres la única persona que puede salvarme.

»Alfredo, salva mi honor y quítame despues la vida.

»No me importa morir; pero que mi padre no conozca la horrible desgracia.

»Toda su vida ha sido un mártir, y ya que no otra cosa, que pueda al ménos morir tranquilamente, que no me maldiga, porque sólo Dios sabe lo que la maldicion de mi padre produciria en mi alma.

»No eres, no puedes ser un miserable depravado: tienes sentimientos generosos, y si no por cariño, por compasion, Alfredo, siquiera por compasion, corre, ven, sálvame, y luego huye de mí, si es que mi presencia te enfada, que yo devoraré en silencio mi dolor y mis amarguras, y no turbaré tu dicha con la importunidad de mis quejas, sino que te dejaré en completa libertad para que goces y seas dichoso.