»No puedo más, Alfredo, no puedo más... Ven y salva á tu víctima infeliz, compadece á mi padre, piensa que tú tambien eres padre, y haz por tu hijo lo que por mí no harias.»

El sentimiento habia sublimado la inteligencia de Paca.

Nadie hubiera esperado semejante carta de la hija de don Pascual; pero el sentimiento, cuando llega á cierto grado, iguala todas las inteligencias.

No habia meditado Paca para escribir.

Las elocuentes frases de su carta se habian escapado de su alma sin que ella misma pudiera apreciar todo su mérito en ningun sentido.

¿Era posible que Alfredo leyese la carta con indiferencia?

¿Era posible que abandonase á la mujer que todo se lo habia sacrificado?

Sí era posible, por más que no lo parezca.

Alfredo tenia que cumplir otro compromiso, que aunque no tan sagrado, era para él de mucha importancia.