Además, parecíale horroroso casarse con Paquita, á quien él mismo, en presencia de sus amigos, habia hecho objeto de las más sangrientas burlas.
No, Saavedra no podia ser esposo de la hija de don Pascual, no podia serlo sin deshonrarse, segun él mismo creia.
Y entre su deshonra y la de aquella infeliz, no era dudosa la eleccion, tratándose de un hombre de sus circunstancias y carácter.
Alfredo debia luchar, debia sufrir; pero al fin triunfaria su vanidad, su amor propio, su orgullo desmedido y su perversion moral.
Debia pensar Alfredo que cuando se casase con Paquita, Clotilde lo miraria con profundo desden, y que en los círculos de lo que se llama gran mundo se aguzaria el ingenio para inventar epígramas.
Lo repetimos, el demonio de la vanidad debia decidir la cuestion.
Una vez escrita la carta, encontróse Paquita con que no sabia cómo dirigirla.
¿Qué hacer para salir de este apuro?
Consultó con su madre, y despues de discurrir largamente, resolvieron ir á la casa de Saavedra para preguntar á los criados del mismo.