Hiciéronlo así.

Nunca lo hubieran hecho, porque fueron recibidas con mucha frialdad, casi con desden, á pesar de que el mayordomo de Alfredo las conocia.

—Ahora,—dijo el criado, que debia estar bien instruido por su señor,—se encuentra el señor don Alfredo en Santander; pero no estará allí más que tres ó cuatro dias, porque asuntos de interés lo llaman á Francia.

Volvieron á su casa la madre y la hija, y aquel mismo dia quedó la carta en el correo.

Otra vez contaron los minutos con angustioso afan; pero el tiempo pasó sin que recibiesen ninguna carta.

Volvieron á ver al mayordomo de Alfredo.

El criado dijo:

—Cuando el señor de Saavedra sale de Madrid no nos escribe sino en caso de absoluta necesidad, porque no cree que está obligado á dar cuenta de sus acciones á su servidumbre.

—¿Pero dónde se encuentra?—preguntó Paquita.

—No lo sabemos con seguridad, aunque suponemos que debe estar en Paris ó en Lóndres.