Por fin Alfredo contestaba, y tal vez se justificaba y aun anunciaba su regreso.

El criado añadió:

—El mismo dia que el señor don Alfredo me escribió, debia salir de Lóndres para Francia y Alemania; de manera, que ignoro dónde se encuentra en estos momentos.

No bien hubo pronunciado estas palabras, salió.

Paquita daba entre sus manos vueltas al pliego, como si tuviese miedo de abrirlo.

Sus manos temblaban convulsivamente.

—Acaba,—le dijo su madre.

La jóven rompió al fin el sobre.

No era una carta lo que este contenia, sino cinco billetes de cuatro mil reales, es decir, mil duros.