¡Casada con un hombre que tenia una cruz!

No sospechaba la infeliz que debia ser crucificada.

Se casaron al amanecer, descansaron hasta las once, y á esta hora fueron á almorzar á la fonda del Cisne.

Muchos de sus amigos habian sido convidados, y casi todo el dia se pasó alegremente.

Adela se sentia tan orgullosa, que no se hubiera cambiado por una reina.

La esposa y la hija de Bonacha, aunque invitadas tambien á la fiesta, no asistieron, porque no era posible que Paquita quisiera presenciar la dicha de Adela, ni mucho ménos exponerse á que le preguntáran cuándo se casaba ella.

Ocho dias antes habia recibido la infeliz los mil duros con que le pagaban su honor, y fácil es comprender el estado de su ánimo.

¿Habia aceptado el dinero?

No; pero tuvo que guardarlo, porque al dia siguiente fué á devolverlo al mayordomo, y se encontró con que este habia partido para ir á reunirse á su señor.

Conservó Paquita aquellos billetes para hacer de ellos el uso que exigia su dignidad; pero le era preciso esperar hasta que volviese Alfredo.