No más que una semana trascurrió, despues de haberse casado Adela con Eduardo, cuando una mañana tuvo Juana por conveniente maltratar á Morito.

—¿Qué significa esto?—dijo la viuda con acento colérico.

—Significa,—respondió la sirviente,—que yo estoy aquí para servirla á usted; pero no para aguantar las impertinencias de un gato.

—Pues si no quieres sufrirlas, tendrás que buscar nuevo acomodo.

—Ahora mismo, porque ni un minuto quiero estar en una casa de donde me echen.

—Puedes hacer lo que te parezca mejor.

—Pues déme usted la cuenta, y tal dia hará un año.

Cruzáronse algunas frases más, todas ágrias hasta el último grado de acritud.

Doña Robustiana pagó á su sirviente, y esta se fué.

Aunque ya sabemos lo que significaba su despedida, diremos que el dia anterior habia recibido mil reales de Eduardo y debia irse á vivir con una amiga suya.