El tahur habia satisfecho así todos sus deseos, y se consideraba el hombre más dichoso del mundo.
Empero no bien habian pasado otros cuatro dias cuando sentia la necesidad de nuevas emociones, y se acordó de su antigua vida, suspirando tristemente y pensando que era insoportable la monotonía de su nueva existencia.
Siempre Adela á su lado, siempre su suegra frente á él, y si conseguia dejarlas por espacio de una hora y con cualquiera pretexto, era para ver á Juana.
Juana y Adela debian, por consiguiente, constituir el martirio de Eduardo.
Un hombre como él, no podia vivir así.
Ya era dueño absoluto del dinero de aquellas dos infelices, dueño de una gran parte de la fortuna que poseian.
¿Por qué habia de seguir guardando consideraciones?
Creyó que representaba un mal papel.
Si encontraba á sus amigos, se le burlaban, llamándole esposo manso y otras cosas por el estilo.
Y Adela se mostraba cada dia más exigente para que le guardasen cierta clase de consideraciones, porque ella se habia casado para verse halagada en su amor propio, y no para otra cosa necesitaba un marido.