Paquita respondió á todo, mintiendo segun su antigua costumbre.
La madre se quejó del calor, de los nervios y de la imperturbable calma de su marido, y como cosa que viene de molde, habló del genio insufrible de su hija.
A tal punto llegaban de la conversacion, cuando nuevamente resonó la campanilla.
—¿Quién será?—preguntó la madre de Paquita.
—Siento que nos interrumpan,—dijo doña Robustiana,—porque ahora iba á darles á ustedes una noticia de interés.
—Tendremos paciencia, y luego será.
Otras dos señoras se presentaron: otra madre con su hija, tipos opuestos á las que hemos dado á conocer.
La primera, que apenas tendria cincuenta años, era excesivamente robusta y con formas tambien excesivamente desarrolladas.
La cara, de color rojo amoratado, era más ancha que larga, y estrecha y deprimida su frente, grande su boca, y extremadamente gruesos los labios.