Y los criados suplicaban, y resonaba sin cesar la campanilla, agitada por los vecinos.

Para poner término á tan violenta escena, no quedó más recurso que sacar medio arrastrando á la madre y encerrarla en otra habitacion; y Eduardo, queriendo tambien contribuir á la paz, tomó su sombrero y salió de la casa, jurando que no volveria si no le daban cumplida satisfaccion.

Desmayóse Adela.

Los vecinos invadieron todas las habitaciones.

Fueron en busca de un médico, y eran ya más de las dos de la madrugada cuando la calma se restableció completamente.

Todas las ilusiones de Adela se habian desvanecido.

Su situacion habia cambiado.

Eran las diez de la mañana, y Eduardo no habia vuelto.

Entonces se entabló la discusion entre doña Cecilia y Adela.

Esta lloraba, se desesperaba y acusaba á su madre de cuanto sucedia.