—Pero ya voy conociéndolo por mi desgracia.
Dieron las once.
Tampoco el marido parecia.
Trascurrieron las horas con horrible lentitud.
Era preciso adoptar una resolucion.
Adela quiso ir á buscar á su marido.
Doña Cecilia no se opuso, porque tenia ya por lo ménos tanto miedo como la hija.
Pero ¿dónde estaba Eduardo?
Hé ahí lo que no podian adivinar.