Despues de mucho discurrir, decidieron ir á pedir consejo á doña Robustiana, porque esta clase de gente, como desconoce la verdadera dignidad; hace público cuanto ha de ponerla en ridículo.

Vistiéronse, y ya iban á salir, cuando se presentó un criado, diciendo que acababa de llegar un hombre que queria verlas.

—No estamos para ver á nadie.

—Asegura que ha de tratar de un asunto de mucho interés, y segun se explica, trae noticias del señorito.

Estas palabras, verdaderamente mágicas entonces, produjeron su efecto.

El hombre en cuestion fué recibido.

Era Manolo.


CAPÍTULO XIII
Borrascas matrimoniales.