Adela no sabia quién era aquel hombre; pero le preguntó:

—¿Tiene usted noticias de mi esposo?

El novio de Juana apretó los puños y respondió:

—Por desgracia, sí.

—¡Dios mio!...

—No se asusten ustedes, porque la única persona que pierde en este juego soy yo, y he venido por si les parece bien emplear su influencia y hacer de modo que el asunto se ponga en claro. No digo que haya nada de particular; pero, en fin, cuando á uno se le pone algo entre ceja y ceja... Yo conozco bien que pueden ustedes tener un disgusto; pero no me quedaban más que dos caminos, el de hacer esto ó el de tomar la justicia por mi mano, y han de saber ustedes que aunque soy un hombre muy pacífico, cuando se me sube la sangre á la cabeza cierro los ojos y hago una barbaridad con mucha frescura.

¿Qué queria decir Manolo?

Doña Cecilia y Adela le miraron sorprendidas.

—Si no se explica usted con más claridad...

—Me explicaré.