—¿Qué le ha sucedido á mi esposo?
—A quien le ha sucedido es á mí.
—¿Pero dónde está?
—Con ella.
—¡Con ella!—exclamó Adela, en tanto que su rostro se cubria de mortal palidez.
—¡Con ella!—gritó doña Cecilia, de cuyos ojos se escaparon dos centellas.
—Eso es.
—¿Y quién es ella?
—La Juanita.
—¡Juana!... No sabemos...