—Eso ya lo veremos.

—Y tanto como se verá, porque han de saber ustedes que yo soy su novio.

—Pues más le valiera á usted haberse muerto,—dijo doña Cecilia.

—Mi desgracia es haberlas conocido á ustedes.

—Si piensa usted desvergonzarse...

—Lo que pienso es decir las cosas claras.

—No se olvide usted de que somos unas señoras.

—¿Y á mí qué?

—¿Dice usted que mi marido está con esa mujer?...

—Sí, pero yo tengo pruebas de la honradez de Juana.