—Nos alegramos mucho.

—Y no es que haya sucedido nada de particular; pero quiero evitar que suceda, porque al fin todos somos débiles en el mundo, y como Juana es bonita, mucho más bonita que todas esas señoras cursis que andan por ahí...

—No pronuncie usted palabras ofensivas.

—A nadie ofendo con decir que Juana es bonita; pero tambien es pobre, y el dinero es mala tentacion, y como hace más de un mes que está sin acomodo...

—Entiendo,—interrumpió doña Cecilia.

—He visto algunas cosas que no me han gustado; pero, en fin, no tenian nada de particular, y anoche sucedió que en la Plaza del Progreso ví á Juana hablando con su marido de usted.

—Esos serán los negocios que lo tenian fuera de casa,—dijo doña Cecilia.—Ya lo estás viendo, Adela; eres tonta, y todo esto sucede porque tú no tienes carácter.

—Mamá, pudo suceder que Eduardo se encontrase por casualidad con esa mujer, y si ella le habló, tuvo que escucharla.

—Así es como Juana se explica,—repuso Manolo,—pues asegura que al ver á don Eduardo le ocurrió encargarle que le proporcionase alguna casa donde servir.