Manolo, turbado y confuso, pidió perdon á Juana, y esta lo reconvino con la mayor dureza, diciéndole que si no se curaba de aquellos celos estúpidos, le volveria la espalda para siempre.

Manolo prometió aprobar todo lo que hiciese Juana, y una y otra vez reconoció que merecia el más duro castigo.

Entre Adela y Eduardo quedó restablecida la paz; pero él supo sacar partido de la situacion, y desde aquel dia cambió de conducta, saliendo cuando bien le parecia, volviendo á su casa cuando se le antojaba, y faltando algunos dias á la hora de comer.

Todas las situaciones se aceptan cuando no hay otro remedio, y Adela aceptó la suya.

Ya no podia ser feliz.

Quedábase muchos dias sin ir á paseo, y concluyó por ir con su madre como antes de haberse casado.

Por la noche, si no iban al teatro, concurrian á la tertulia de doña Robustiana, y allí iba, aunque no siempre, á buscarlas Eduardo.

Cuando pasó un mes, empezó el marido á recogerse á la madrugada.

Adela no se atrevió á quejarse.