La mayor parte de la responsabilidad debia caer sobre ella por no haber sabido evitar que su hija se perdiese, y aunque don Pascual era un hombre demasiado bueno, demasiado indulgente y tímido hasta la exageracion, su esposa temblaba.
Nunca le habia tenido miedo á su marido, y entonces se sentia poseida de terror.
Este cambio consistia en que su conciencia la acusaba, y cuando la conciencia no está tranquila, el más valeroso se vuelve cobarde, y tiembla y se aturde el que ha dado pruebas de más serenidad.
La madre y la hija pasaban el dia conferenciando y buscando medios para salir del apuro; pero cavilaban inútilmente.
Sin Alfredo nada podian hacer, y este no volvia, y ni siquiera se comprometia escribiendo una carta.
El miserable debia tener bien meditado su plan, y no podia dudarse en cuanto á sus intenciones desde el primer momento en que fijó la atencion en Paquita.
Ya lo hemos dicho: desgraciadamente referimos una historia que es algo más que verosímil, puesto que es verdad.
En los momentos de suprema angustia se trastorna la cabeza más firme, se cometen todas las torpezas, se hace todo lo que es inconveniente, resultando que la situacion se agrava.
Los que sienten demasiado no piensan como los que están en completa calma, ó lo que es igual, cuando el sentimiento se excita hasta cierto grado, cambian las ideas, porque todo se ve á través de un prisma que con frecuencia nos engaña.
La criatura es propensa á creer que todo el mundo ha de tomar en consideracion sus sufrimientos, ó que estos son de más importancia que los que agobian á los demás, y de aquí resulta muchas veces el desengaño ó el desencanto cuando se ve que el mundo escucha con fria indiferencia el relato de aquellos dolores.