La esposa y la hija de Bonacha debian extraviarse en este sentido, y debian sufrir nuevos y terribles golpes que acrecentasen su martirio.
Creyeron que ante todo debian averiguar á toda costa dónde se encontraba Alfredo, para escribirle amenazándole con el escándalo.
¿Quién podia darles la noticia que deseaban?
Nadie mejor que el conde de Romeral, y hé aquí cómo Juanito podia prestar un gran servicio á la familia Bonacha.
—Aunque Juanito lo sepa,—dijo la hija,—lo ocultará, porque como se ha empeñado en que yo me case con él, no le conviene que continúen mis relaciones con Alfredo.
—Todo puede arreglarse.
—Esto no.
—Me ocurre una buena idea.
—¿En qué consiste?