—Acudiremos á doña Robustiana, y ella se encargará de obligar á Juanito á decir cuanto sepa.

—Pero cuando doña Robustiana vea nuestro empeño, sospechará lo que no es menester que sospeche.

—¿Y por qué ha de sospecharlo?

—Porque á cualquiera le ocurre que cuando una mujer persigue á un hombre con tanto empeño y tenacidad, es porque hay algo que la liga á aquel hombre, y ese algo no puede ser más que una cosa, no puede ser más que mi situacion horrible.

—Pues, hija mia, el que no se embarca no pasa el mar, y algo es preciso exponerse á perder, si ha de ganarse algo.

—Me horroriza la idea de que mi secreto...

—Piensa que doña Robustiana tiene buen corazon, y aunque ella sepa la verdad, no hay miedo de que á nadie se la diga.

—No me atrevo.

—Iré yo sola y le diré que tú no sabes que doy semejante paso, sino que es cosa mia, porque te veo sufrir mucho y quiero hacer lo posible para devolverte la calma.

—Siendo así...