—En eso precisamente consiste el favor que usted puede hacerme.

—No comprendo bien...

—Voy á explicarme.

—Sí, sepamos.

—No es posible que el conde de Romeral ignore dónde se encuentra el que, sobre ser su amigo íntimo, ha de casarse con su hija.

—Empiezo á entender.

—Y si el conde lo sabe...

—Debe saberlo Juanito, ¿no es verdad?

—Eso he querido decir.