—Y usted desea que yo...
—Le pregunte á Juanito como mejor le parezca; porque si nosotras lo hacemos...
—La comision es delicada.
—Tiene usted con Juanito mucha influencia.
—Me respeta bastante, no lo niego.
—Entonces...
—Intentaré dejarlas á ustedes complacidas, y abrigo la esperanza de conseguirlo así.
Doña Robustiana, dando una prueba de delicadeza y de nobles sentimientos, no hizo ninguna pregunta ni alusion que pudiera mortificar á la esposa de Bonacha.
Despidióse esta, y se fué tan satisfecha como podia estarlo en su situacion.
—¡Pobre Paquita!—murmuró la viuda.