La viuda y la hija del cerrajero podian, por consiguiente, gastar mucho y presentarse con verdadero lujo.

Aspiraba la niña á casarse con un gran señor, ó por lo ménos con un hombre que algo tuviese de aristócrata, y algo tambien de romántico, borrando ella así sus plebeyos antecedentes.

En los paseos, en los teatros, en los cafés y en todos los sitios públicos, veíase siempre á la sensible Adela en compañía de su madre; pero hasta entonces no habia conseguido su objeto, si bien abrigaba la esperanza de conseguirlo, porque habia fijado en ella sus miradas cierto caballero de ilustre cuna, que la semana anterior habia sido presentado á doña Robustiana del Peral, y que ya formaba parte de la tertulia.

Como se ve, Adela y Paquita eran dos tipos opuestos. La primera aspiraba á la realizacion de sublimidades, y la segunda queria á toda costa un esposo rico, que pudiera gastar mucho dinero, engalanarla, llevarla en coche, emprender viajes los veranos y otras cosas por el estilo.

Cruzáronse nuevos saludos, y otra vez cambió el gato de postura, y se entabló conversacion sobre los baños, lo cual dió á doña Cecilia ocasion para decir:

—Cuando vivia mi Mateo, las costumbres eran distintas. Todas las tardes bajábamos al rio...

Interrumpióse, porque sintió que Adela le tiraba del vestido.

—¡El rio!—exclamó Paquita con acento de repugnancia.—¡Jesús!