Esta última carta era mucho más elocuente que la que ya hemos dado á conocer.
La llevaron al correo y la certificaron, para que así no les quedase duda de que Alfredo la habria recibido.
Otra vez contaron los dias con una ansiedad inconcebible.
Apenas salian de casa.
El honrado don Pascual continuaba triste y meditabundo, y de vez en cuando hablaba de su propósito de dejar el empleo que debia al que habia engañado á su pobre hija.
¿Qué resultado produciria esta carta?
Suponemos que el mismo que las anteriores, pues desde que Alfredo dió los mil duros debieron desvanecerse todas las esperanzas de Paquita.