CAPÍTULO XV
El último esfuerzo.
Pasaron quince dias, que era mucho más tiempo del que se necesitaba para que Alfredo recibiese la carta y contestase; pero ni habia contestado, ni la situacion habia cambiado tampoco, y antes de adoptar una nueva resolucion, la madre y la hija creyeron conveniente ir á la administracion de correos.
Esperaban que les entregasen firmado por Alfredo el sobre de la carta; pero su sorpresa fué la más profunda cuando les presentaron la carta misma intacta y con una nota en que se decia que se devolvia á su procedencia, porque no habia querido recibirla la persona á quien se habia dirigido.
Las dos mujeres miraron al empleado como si no entendieran lo que este decia, y no acertaron á pronunciar una palabra.
—Les explicaré á ustedes lo que esto significa,—dijo el empleado.—Cualquiera persona está en su derecho de no recibir las cartas que se le dirigen, y cuando así sucede, se hace lo que está usted viendo. Ya sea porque al reconocer la letra del sobre haya comprendido que no le convenia, ó por otra razon cualquiera, ello es que la persona á quien va dirigida la carta se ha negado á recibirla, y aquí la tiene usted, y puede llevársela, entregándome el recibo del certificado.
Tampoco entonces acertaron á responder las infelices.
—¿Me han comprendido ustedes?
—Si,—dijo al fin la esposa de Bonacha.
—Pues me quedo con el recibo, y aquí está la carta.
Lo que Paca sentia, no puede hacerse comprender.